I’m from the future!

noviembre 25, 2010 at 2:36 pm

.

.

La emoción no es solamente por el 25 aniversario de una las mejores comedias de ciencia ficción, o porque los que, a mediados de los ochenta, no tuvimos la oportunidad de verla en el cine por fin lo hicimos; no, también es porque puedo escribir en qué se termina sin miedo a que el spoiler les arruine la película.

La televisión abierta ha transmitido tantas veces Volver al futuro (Zemeckis,1985) que generaciones posteriores han encontrado en el De Lorean una máquina capaz de viajar al pasado y en Marty Mcfly (Michael J. Fox) al héroe adolescente que en complicidad con el chiflado Doc Emmett Brown (Christopher Lloyd) parecen estar reescribiendo las sutiles formas en que la existencia es.

Las teorías sobre el universo y el tiempo que ahora vemos en el cine y la televisión son una complejísima paradoja –unas más otras menos- sin embargo, en Volver al futuro los viajes en el tiempo son básicamente posible gracias al condensador de flujo, aparato en forma de “Y” que el Doc tuvo a bien concebir casi místicamente al golpearse la cabeza en el baño en 1955; y que después hace funcionar con plutonio que roba a unos terroristas. En venganza, éstos arremeten contra el científico y el joven Mcfly disparando sobre ellos la noche que experimentan con el De Lorean.

.

Marty escapa al pasado en la máquina del tiempo pensando que el Doc ha muerto, pero en realidad no. ¿Eso ya lo sabían, verdad? La comedia y el romance se manifiestan en la perturbadora relación de los padres de Marty y en el casi incesto provocado por el enamoramiento de su madre hacia él. La risible dinámica familiar es comprensible en el pasado, en el origen del carácter flaco y pusilánime de los Mcfly. La recreación de la década de los 50s es de ensueño. No exagero si digo que la secuencia en la que se escucha Mister Sandman de fondo, mientras Hill Valley –como una maqueta- es recorrida por transeúntes propiamente ataviados y hermosos autos de época me parece increíble.

Es increíble también cómo, pese a todos los esfuerzos por resarcir, la línea del tiempo es alterada por la presencia del futuro, proponiendo así el lazo narrativo para las secuelas, jamás tan perfectas como la primera, pero tampoco insufribles. Ahora en la distancia los 50s y los 80s, son todo pasado. A los más jóvenes deben parecerles igual de curioso el baile de rock and roll que el reloj despertador de Marty McFly, para mí es curioso y entrañable.

Volver al futuro en el 2010 es nostalgia pura, con sus celebraciones, con su trilogía coleccionable, con sus actores envejecidos sonriendo, con las fechas que me emocionan porque no olvido. Es la memoria de los domingos de zapping en pijama, imaginando el futuro en el que viajar en el tiempo sería posible. No veo muchísima diferencia entre mis domingos ochenteros y los actuales, quizá el pijama y la botana podría ser. Aun así, debo confesar que participo de la felicidad colectiva que han causado sus festejos, que disfrute infinitamente su exhibición en salas de cine y que deseo como nada tener los tenis de Marty Mcfly.

.

.

133 total views, 2 views today

Otras cosas interesantes: