Grizzly Man: cámara escondida para osos

octubre 13, 2011 at 1:53 pm

 


El documental que pretendía realizar el activista Timothy Treadwell, a propósito de las largas temporadas que durante trece años pasó en una reserva natural en Alaska, conviviendo con osos grizzly, dio origen a más de 100 horas de grabación; las cuales llegaron, finalmente, a las manos de Werner Herzog, quien en 2005 estrenaba exitosamente en el Festival de Sundance Grizzly Man. El material audiovisual que produjo Timothy Treadwell adquirió valor renovado luego de que en el año 2003 muriera trágicamente –en compañía de su novia-, justo como muchos y él mismo habían vaticinado, en las fauces de un oso grizzly.

Su actividad como ecologista fue siempre polémica y transgresora, por lo menos lo suficiente para convertirlo en una figura mediática. Sin embargo, no es el hábitat ni la naturaleza salvaje de los osos en sí misma lo que da cuerda a Herzog sino, tal vez, la intervención insistente de un antihéroe risible y tierno, de un protector autodestructivo, de un amante dolorosamente obsesionado con su objeto de deseo. Al ver el documental, es difícil deshacerse de la sensación de burla, de la posibilidad de que la aparición de Treadwell a cuadro sea parte de una broma de cámara escondida que les están jugando a los osos.

 

La premisa es el desequilibrio por intervención, Treadwell altera la dinámica entre el mundo animal y el humano en un afán puro por salvaguardarlo; y, por otra parte, Herzog conscientemente media entre los varios personajes de Treadwell; así, por medio de entrevistas a amigos recrea a un ser casi mítico, a un hombre que de a poco se metamorfoseaba

en oso; el testimonio de especialistas, médicos y socorristas que recuperaron lo que quedó de su cuerpo encuentran en la heroicidad nada más que necedad y locura. Las imágenes no niegan el vínculo misterioso entre Treadwell y los animales, pero como narrador Herzog –en voz en off- confiesa no haber encontrado ningún indicio de aquello mágico que éste cree percibir.

En un diálogo no presencial Herzog vislumbra también al Treadwell documentalista, al creador perfeccionista de planos, al director que repite una y otra vez escenas, al motivo detrás de la cámara. Confronta métodos, lo observa y lo encuentra profundamente bello, oscuro y valiente; le reconoce cualidades que ni el ser mítico ni el outsider contienen.


Grizzly Man es el método propio de Herzog, es su representación sobre la observación documental, sobre el proceso en la creación de un personaje pre edificado, de carne y hueso, casi real. Es el retrato de Timothy Treadwell; probablemente no el retrato que tenía en mente cuando despotricaba contra el sistema o cuando se confesaba frente a la cámara arreglándose el cabello; pero es un buen retrato y, sobre todo, es un excelente pretexto para reflexionar sobre el cine documental, sus métodos, sus valores etnográficos y artísticos estrechamente vinculados a la construcción de la realidad.

Así, les recomiendo ampliamente Grizzly Man, tanto como les recomiendo ignorar las imágenes de su autopsia o del supuesto audio que circula en Internet relativo al ataque del oso que lo mató; siempre que no sean fans del gore o de la revista Alarma, no es una experiencia agradable. Qué la disfruten.

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Trailer acá:

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